La joya de Audi es el R8.

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  05-10-2006

Una de las estrellas presentadas en el Salón de París 2006 ha sido el Audi R8. No es erróneo pensar que nos encontramos ante el bólido, de unas líneas muy llamativas y deportivas, que más interés ha despertado entre expertos y visitantes de esta feria internacional del automóvil.

Hace tres años se lanzó su prototipo. Ahora comienza su producción en serie. Se espera que Alemania sea el primer país donde se pueda disfrutar de las primeras unidades de este vehículo, para unos meses más tarde (desde dentro de la marca hablan de la primavera de 2007) se generalice su comercialización por toda Europa. Quizá haya transcurrido demasiado tiempo, pero desde luego la espera ha merecido la pena.

La planta germana de Neckarlsum, aprovechando su centenario en el mundo de la automoción, ha sido la encargada desde finales del mes de septiembre de iniciar la producción del R8. Desde luego que Audi ha explotado al máximo el simbolismo a la hora de comercializar este coche. Por un lado está basado en un coche de competición de leyenda y con gran solera, a lo que hay que sumar una fábrica llena de historia en el mundo del motor alemán.

Para los que se están acercando al Salón de París en calidad de visitantes, más pendientes del aspecto exterior que de evoluciones de motor, sorprendió la silueta del R8. Pero los especialistas del sector, y también los más curiosos, acudieron con la intención de ver instalado en el R8 un motor novedoso. Y no por su potencia si no por su colocación: central.

Se trata del primer deportivo de Audi con motor central, cuya función principal es lograr un reparto del peso más equilibrado: 44% delante y 56% detrás. Este propulsor es capaz de desarrollar 420 caballos de potencia gracias a sus 8 cilindros de inyección directa de gasolina. La evolución de la mecánica FSI se culmina con este coche, garantizando una fuerza descomunal tanto en las revoluciones más bajas como en las más altas.

Fruto de tanta potencia acumulada en el motor, las prestaciones están garantizadas. La aceleración de 0 a 100 km/h es impresionante, 4,6 segundos. Mientras que la velocidad punta que puede llegar a alcanzar este bólido es de 301 km/h.

Evidentemente tanta tecnología en favor de la deportividad tenía que estar culminada con la tracción integral a las cuatro ruedas, típica en este tipo de coches. Esta cualidad, junto a la novedosa colocación, para Audi, del motor, está encaminada a que la conducción del coche sea más cómoda. El R8 se puede calificar como un coche dócil para desarrollar tantos caballos.

La categoría de la carrocería está fuera de sospecha. Es un deportivo con unas dimensiones proporcionadas. Su anchura es notable (1.90 metros), es más corto que otros vehículos de este segmento de la marca germana, 4.43 metros. Y por último, su altura de 1,25 metros, redondea a la perfección unas medidas más propias de un coche de competición. Su vista lateral acentúa más si cabe una imagen compacta.

El material de la carrocería es de aluminio, lo que permita aunar dos conceptos en ocasiones antagónicos: rigidez y dinamismo. Audi introduce su tecnología para evitar que un coche deportivo sea débil a nivel de seguridad. En cuanto al equipamiento hay que destacar los discos de freno cerámicos y una suspensión magnética.

Detrás de la alta tecnología Audi, más presente que nunca en el R8, y de sus formas ultra deportivas, espectaculares dicho sea de paso, se esconde mucha leyenda. Este deportivo está basado en el mítico R8 que durante cinco años salió triunfador en Las 24 horas de Le Mans. Los bólidos R8 cruzaron la meta en primera posición en esta mítica competición en los años: 2000, 2001, 2002, 2004 y 2005. Todo un éxito, que ahora Audi quiere refrendar con su producción en serie.

Más información: Página Oficial Audi.