Su objetivo es ambicioso, colocarse como alternativa a los 4x4 de las marcas premium, con argumentos como unas líneas más depuradas, una calidad muy mejorada y unas cualidades dinámicas. El salto experimentado es tal, que ahora está más cerca del Range Rover Sport que de su antecesor, al que también supera en precio, unos 4.000 euros más en la versión básica. Exteriormente, el crecimiento de la carrocería se traduce en un habitáculo más espacioso y luminoso.
Hasta la fecha, en Land Rover siempre se primó lo funcional sobre el envoltorio, pero que en este modelo se ha dado un paso adelante para buscar un perfil más refinado, mezcla de la dureza de trazos del Discovery y la fluidez y deportividad del Range Sport. Esa misma sensación de progreso la notamos en el habitáculo, mucho más cuidado, lujoso y confortable, donde la calidad percibida sube varios enteros y se gana en espacio y luminosidad. El maletero es un 38% más grande que en el anterior Freelander, las plazas traseras cuentan con mayor amplitud y visibilidad, por la posición más alta de la banqueta, y los pilares delanteros, más finos, contribuyen a ella. El aspecto y la calidad del interior experimentan una mejora notable. Desde el punto de vista de la conducción en carretera la evolución es tan grande que el coche no tiene nada que envidiar a sus mayores.
La rigidez de la carrocería, sólo superada entre los 4x4 por la del Porsche Cayenne y el Range, así como las nuevas suspensiones independientes, proporcionan un agradable tacto al volante, sin menoscabo de sus buenas cualidades todoterreno. Unas cotas apropiadas, junto al sistema inteligente de tracción integral, el control de descenso o el Terrain Response (de serie en todas las versiones, menos la básica). Con el mismo se puede seleccionar el programa más adecuado según el tipo de terreno para que, a través de la electrónica, todo el conjunto mecánico trabaje de la manera más conveniente, son la clave de su buen comportamiento. Los dos motores también son nuevos. El de gasolina, un seis cilindros en línea diseñado por Volvo, compacto y colocado en posición transversal, es un 30% más potente que el anterior V6 y consume un 10% menos. Respecto al turbodiesel, procede del acuerdo entre los grupos PSA y Ford, gana un 43% en potencia, hasta llegar a los 160 CV, e, igualmente, mejora en consumo. Para el primero de ellos hay un cambio automático y para el segundo uno manual, ambos de seis velocidades. A partir de abril la mecánica de gasóleo dispondrá de las dos opciones. En el apartado de seguridad el Freelander, aparte de los sistemas mencionados, cuenta con un avanzado control de estabilidad y antivuelco, siete airbags, incluido el de rodilla del conductor, y control de frenada en curva, además de opciones como los faros bixenón. Más información: Página
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