Los legendarios automóviles Borgward, que desaparecieron a comienzos de los años 60, volverán a las carreteras de la mano del nieto del fundador de la empresa. La marca, que triunfó entre las estrellas del celuloide, regresa ahora para satisfacer a coleccionistas y excéntricos. Christian Borgward, un alemán de 39 años, ha comprado los derechos de la marca de su abuelo y se ha embarcado junto con la consultora International Executive Consulting en el proyecto de resucitar la firma. "Para los clientes y en las valoraciones de los expertos, Borgward era la marca de automóviles más innovadora y atractiva de Alemania", dijo el empresario al diario alemán Die Welt. "Estamos hablando con los inversores, que encuentran la idea estupenda, y las negociaciones marchan", afirmó el joven, quien asegura que entre las empresas interesadas hay fabricantes del sector. Aunque el plan tardará algún tiempo en llevarse a cabo, y son muchos los escépticos que opinan que se trata de un mal momento para lanzar nuevos coches, cuando las ventas, especialmente en Alemania, no arrancan.
Uno de los secretos mejor guardados es el nombre del futuro `cerebro´ artístico de la compañía. Sí han revelado que es un "diseñador conocido en el mundo del motor" y que ya está perfilando el que podría ser el primer Borgward del siglo XXI. Según el nieto del fundador, será un automóvil "más bien pequeño y elegante". Adelanta, además, que "se podrán ver algunos resultados en las próximas ferias del ramo”. Carl F.W.Borgward nació en 1890, en el seno de una familia de 13 hermanos, y dio sus primeros pasos empresariales en el sector de los refrigeradores. Montó la empresa Borgward en 1925, que daría modelos como el mítico Isabella. Tras una época complicada en la Segunda Guerra Mundial, durante la cual Hitler sólo les permitió fabricar camiones y autocares, la firma revivió durante la posguerra. Pero siempre dependió en exceso de las exportaciones, lo que unido a la falta de capital, llevó a la marca a la crisis en 1960. Un año después quebró. Los pocos ejemplares que quedan son objeto de culto para amantes de los coches como el actor Paul Newman, que guarda uno.
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